Cualquier conducta o actividad realizada con la intención de engañar a los demás para el beneficio propio, la llamamos fraude. Hay varios tipos de fraude y cada uno tiene un significado especial, pero el fondo es el mismo: me engañas para obtener de mí alguna ventaja, usualmente económica, aunque no siempre. 


Con esta amplia definición, creería un alto porcentaje de nosotros ha participado de uno de estos actos engañosos, ya sea en calidad de fraudulento, o defraudado. No sé cuál de las dos circunstancia es más triste, pero sin duda, condeno fuertemente la primera.  


Uno de los vehículos más utilizados por quienes cometen fraude, es uno que todos (aquí sí, sin excepciones) conocemos muy bien: las mentiras. O, ¿a quién no le dijeron cuando pequeño que si no comíamos no íbamos a crecer? ¿O un personaje de ficción se llevaba nuestros dientes de leche por la noche y otro nos dejaba regalos bajo un árbol? Todos, sin duda, hemos sido engañados. Aquí los beneficiados éramos más bien nosotros, y la intención una muy bonita… pero estas mentiritas blancas pertenecen, a grandísimos rasgos, a un mismo concepto. Por si las dudas, éstas no las condeno. 


El fraude: un problema social 


La humanidad conoce el engaño desde sus inicios y nunca se logrado librar de él. Lamentablemente, en Latinoamérica, se promueve la práctica de burlar a los que hacen las cosas bien. La frase “el vivo vive del bobo” está impregnada en nuestra sociedad y tristemente, hace parte casi imborrable de nuestra idiosincrasia latina. Tanto así, que aunque todos los países luchen por erradicar esta costumbre, no se ha podido. En algunos casos incluso, son los mismos dirigentes el ejemplo vivo de este popular dicho. Pero esto es tema para otro día. 


La razón por la que existe ese penoso dicho, es el egoísmo detrás del comportamiento de los delincuentes. Es evidente que muchos miembros de nuestra sociedad (me gusta pensar que los buenos somos más), prefieren el beneficio personal sobre el bienestar general. Un falta total de solidaridad y de pensamiento estratégico. Porque si todos nos ayudáramos, estaríamos mejor. 


Es por esto que el fraude es tan nocivo y corrosivo. También es difícil de erradicar, porque llegar a la raíz es complicado. Cambiar la mentalidad de las personas es un tema complejo, donde interviene la educación, crianza, psicología y contexto. Por eso, solo nos queda atacar el problema inmediato: el intento de fraude.


Los humanos somos animales sociales, decía Aristóteles. Nos sentimos a gusto viviendo en comunidad, incluso seguros cuando tenemos compañía. Pero también somos competitivos, buscamos superarnos a nosotros mismos y no conozco a la primera persona que no desee alcanzar el éxito, cualquiera que sea la definición de éxito que tengan. 


Si unimos la competencia y la convivencia, podríamos crear un mundo de beneficios para el crecimiento y desarrollo de nuestra manada. Y eso es algo que indiscutiblemente debemos sentarnos a pensar. Hasta no entenderlo, seguirá existiendo prevaleciendo el camino individual sobre el colectivo. 


Esta condición, sumada a la falta de oportunidades y la creencia que de el camino corto y fácil es mejor, generan el ambiente perfecto para que no solo exista el fraude, sino que se propague como el fuego en terreno seco. A toda. 


Ante tales circunstancias, nace Truora. No como solución a un problema social que entendemos es muy complejo de solventar, pero sí como propuesta para erradicar el fraude en Latinoamérica conociendo cómo operan los fraudulento. Prevenimos y bloqueamos amenazas de fraude por medio de lo que nuestra mejor arma: la tecnología. 


Haber reducido casos de fraude en un 90% en algunos de nuestros clientes, nos da confianza y satisfacción en la labor que hemos venido realizando. Continuar con el buen trabajo y poder darle una mano a las personas que son víctimas potenciales de fraude, es nuestra principal motivación.


Un reto en constante evolución


Sin embargo, no basta con estar motivados y tener claro cuál es nuestro norte. Debemos innovar y adaptarnos sobre la marcha, pues los problemas de ayer están en constante mutación. Si ayer había cien formas de fraude diferentes, hoy ya hay unas cien más. Las personas fraudulentas no agotan su creatividad a la hora de buscar nuevas y más complejas formas de desfalcar y engañar personas, sistemas, gobiernos. 


El esquema Truora 


La forma cómo innovamos en Truora es imperfecta pero es ágil e ingeniosa. Aquí un poco de las cuatro partes más importantes de nuestro engranaje. 


  1. Tecnología


La tecnología es el eje principal de nuestro negocio. Nuestro conocimiento y recursos técnicos, nos permite tener soluciones integradas para nuestros clientes. Nos permite ser más eficientes en nuestros procesos, inteligentes en nuestras propuestas y exitosos en nuestras implementaciones. 


  1. Información


La información es nuestro input más importante, es lo que alimenta o hace funcionar el engranaje. Con conocimiento e información podemos darle el mejor uso a nuestra tecnología, entendemos las necesidades de nuestros clientes, resolvemos problemas y nos medimos contra la competencia y nosotros mismo y así, mejorar nuestras soluciones. 


  1. Anticipación


Para poder combatir el fraude no es suficiente tener tecnología y números. Es indispensable tener la cabeza en el futuro. ¿Cómo más podría un delincuente robar información o cometer fraude? ¿Qué querrá el cliente mañana? Estas preguntas sencillas son ley en nuestra organización. Existen en todas las áreas funcionales y tienen un único propósito: ser proactivos. Solo así podemos, evitar fallas, molestias y mejorar nuestros productos constantemente. 


  1. Equipo 

Así como la tecnología es el eje principal de la compañía. Nuestro equipo es el autor intelectual. La tecnología no se usa sola, no se corrige sola, no se mejora, promueve o vende sola. Tampoco se hace nada de esto bien con las personas equivocadas. Así que aquí la premisa es obvia. Con los mejores, se logra lo mejor. 


Una labor en construcción y de esfuerzo de muchos


Prevenir y eventualmente erradicar el fraude es una labor difícil pero no imposible. Tenemos las herramientas y las personas. Lo más importante, es que tenemos la mentalidad correcta. En Truora prima el beneficio colectivo sobre el individual.