Las bases de datos son grandes repositorios ordenados donde se guardan volúmenes inmensos de información y suelen ser la base sobre la que operan los sistemas de información.


El gobierno, los bancos, los prestadores de servicios y demás instituciones todos cuentan con sistemas de información que giran en torno a bases de datos donde se almacena nuestra información. No está de más mencionar la importancia de la integridad de esta información.

¿Qué es la integridad de información?


La información almacenada en las bases de datos debe ser confiable y fidedigna, aún más tratándose de organizaciones del estado.


La información en una base de datos se ordena por medio de identificadores, valores generalmente numéricos que representan cada registro de manera inequívoca. Por ejemplo, si vamos a crear una base de datos en la que se almacene la información de personas, es preciso incluir la cédula para poder identificar a cada persona.


Es igualmente importante que el contenido de una base de datos, en la medida de lo posible, refleje fielmente la información del mundo real, es decir, que las cédulas de las personas contenidas en una base de datos coincidan con cédulas reales al igual que los nombres de las personas y la información con la que se cuente debe ser tan precisa como sea posible


¿Qué pasa si la información no es íntegra?


Mantener la integridad de la información suena a embeleco, pero nos permite evitar el fraude. Imagine que es dueño de un almacén y cuenta con un sistema informático que le permite llevar registro de proveedores, clientes, productos, órdenes y facturas con el fin de sistematizar su flujo de caja. 


Supongamos que las cosas empiezan a ir mal, a pesar de que el negocio vende más que nunca, el dinero parece irse agotando. Una mirada rápida al sistema informático indica que todo está en su lugar: que cada salida de dinero tiene una orden a un proveedor y cada salida de productos está vinculada a una factura de un cliente.


Pero, ¿qué tal que ese proveedor no exista o que ese cliente sea falso? En ese caso, alguien estaría sacando mercancía y dinero de su negocio. Un par de datos inexistentes en un sistema informático se convierten en la cobertura de un criminal para hacerse con los recursos tangibles de su empresa o del gobierno, o del sistema pensional, etc.


¿Cómo se puede prevenir la corrupción de la información?


No existen mecanismos automáticos capaces de prevenir la pérdida de integridad de información, es decir: las bases de datos no pueden saber si un dato es real o no, es posible establecer validaciones para asegurarse de que la información “parezca real” (por ejemplo: un número de celular tiene 10 dígitos más el indicativo) pero no pueden saber por sí solas si el dato es real. Un sistema podría cruzar la información con otras bases de datos para validar su legitimidad, pero la complejidad y el tiempo de proceso que eso añade no lo hace viable en la mayoría de los casos.


La única manera en que se puede evitar el fraude por información corrupta es por medio de una auditoría a la base de datos, en la que se verifica que la información es verídica. Es un proceso exhaustivo y debe realizarse periódicamente con el fin de asegurar la integridad de los datos.


¿Y cómo evito el fraude con mi información como usuario?  


Todos nosotros somos usuarios de servicios que almacenan nuestra información en bases de datos que no podemos controlar como la registraduría, seguridad social, cuentas bancarias, etc. Tenemos el derecho por ley de habeas data a consultar esa información y a que se rectifique en caso de haber alguna irregularidad. Pero ese derecho es intrascendente si no consultamos constantemente nuestra información para verificar que sea correcta.


Es muy difícil impedir que criminales aprovechen las falencias de bases de datos en integridad de información para hacer de las suyas, como atribuir votos o entregar subsidios y beneficios a cédulas inexistentes o de personas fallecidas pero podemos contribuir a la erradicación de este mal siendo dueños de nuestros datos, haciéndonos responsables de su correctitud e invitando a otros a hacer lo mismo. ¡Desterremos al fraude una cédula a la vez!